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Esperanza Cabrera
Por: Lic. Felipe Muñoz G.
Pocas veces se detiene uno a meditar lo trascendente y hermoso que es la profesión de concertista. Pocas veces puede uno tomar conciencia de que el intérprete de una obra clásica en la esfera musical debe poner parte de sí mismo, parte de su propia alma para dar vida a una partitura que no tendrá ningún significado si se apreciara, exclusivamente hojeando el texto.
Beethoven, Mozart y los grandes maestros vuelven a vivir plenamente cuando son interpretadas magistralmente sus obras. Vuelven a vivir con un alma que les presta el concertista.
En la época de los sesenta el estado de Querétaro contaba entre sus glorias con la maestra Esperanza Cabrera Muñoz de Hinojosa, quien estaba dedicada en cuerpo y alma a la docencia del piano como maestra de la Escuela de Bellas Artes y como maestra particular.
También fue maestra emérita del Conservatorio Libre de Música J. Guadalupe Velázquez.
Uno de los recuerdos más nítidos que de ella guardo en mi memoria es el sucedido el 5 de mayo de 1971; el Teatro de la República se encontraba pletórico. Lo más granado de la sociedad y todos los amantes de la cultura nos dimos cita para disfrutar del concierto número 4 para piano y Orquesta de Ludwig Van Beethoven que interpretaba en ocasión de sus veinte años como concertista nuestra querida maestra Esperanza Cabrera. La sinfónica de Guanajuato dirigida por el maestro José Rodríguez Frausto era el marco musical en turno. Antes de iniciar el evento, tras bambalinas se encontraba Esperanza frotándose con ahínco los dedos mientras comentaba “…antes de empezar, mis dedos están helados y sólo frotándolos puedo darles un poco de calor pero en cuanto empiezo a tocar, la sangre fluye a raudales y no siento dificultad alguna para interpretar el concierto…”, tomó un poco de agua natural mientras el maestro Eduardo Loarca hacía el anuncio oficial e ingresó al escenario entre los aplausos de reconocimiento de los presentes.
El interpretar a Beethoven no es para cualquiera; este autor es sólo para los artistas de recia personalidad, de carácter firme y de un corazón fuera de serie; y así era Esperanza Cabrera. La fuerza creadora del genio Bonn revivió plenamente en aquella velada memorable. Al terminar el concierto, por varios minutos aplaudimos con orgullo y cariño a NUESTRA gran artista que en compañía de su familia agradecía las muestras de afecto que le brindábamos.
Esperanza como maestra también fue fiel a esa vocación. Su paciencia, constancia y estímulo para con sus alumnos era notable. Gustaba de pedir a sus alumnos que siempre tuvieran en estudio alguna obra de algún autor clásico de un nivel un poco superior al grado que se encontraban. Esto en plan de reto estimulándoles su espíritu de superación. En alguna ocasión pidió a un alumno que estudiara el Claro de Luna de Debussy y el alumno comentaba que este autor era muy árido; Esperanza insistió y al paso del tiempo esta obra se convirtió en una de las favoritas de este alumno.
Aunque no nació en San Juan del Río, su infancia, su adolescencia y en fin, la mayor parte de su vida radicó en esta bella ciudad por lo que todos los sanjuanenses siempre la hemos querido como si hubiese nacido en este suelo. Sus hermanos y parte de su familia siguen viviendo en esta ciudad y una escuela en su honor, lleva su nombre.
Entre sus datos biográficos destacaremos solamente los más importantes: ejecutaba el piano desde los cinco años, habiendo sido su maestro e ilustre pianista y compositor queretano Don Fernando Loyola (de quien por cierto interpretaba sus obras con profundo sentimiento y magistral técnica); a los ocho años recibe una honrosa distinción por parte de la esposa del Presidente de la República, General Abelardo Rodríguez cuando interpretaba un nocturno de Chopin; por la XEW en la Hora Nacional. A los catorce años hace su primera presentación en el palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México ofreciendo un recital en la sala Manuel M. Ponce de ese lugar. En 1948 el gobernador del estado de Querétaro, Lic. Agapito Pozo le entregó su título que la acreditaba como pianista concertista.
Uno de los momentos cumbre en su carrera fue cuando en el Castillo de Chapultepec acompañada por la Sinfónica de la UNAM interpretó el concierto para Piano de su maestro Arnulfo Miramontes.
Nacida en la ciudad de Querétaro el 16 de febrero de 1924, su existencia se vio truncada prematuramente el 24 de diciembre de 1979, su trabajo fecundo, su vida profesional dedicada fundamentalmente a la docencia, su don de gentes y sobre todo su espíritu humano fuera de serie, perpetúan su memoria a través de los tiempos.
En año de 1990 el H. Ayuntamiento de San Juan del Río que presidia el antropólogo Jaime Nieto Ramírez, editó un disco en el que se incluye la famosa “Serenata Queretana” que se debe a la inspiración de nuestra querida maestra Esperanza. Ojalá haya gente que en nuestra tierra sepamos emular las virtudes de tan distinguida sanjuanense.
notapub8@hotmail.com

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